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martes, 11 de agosto de 2009

Octavo Salón de Fotografía en Holguín, provechos y añoranzas

Por Amauris Betancourt.

“El VIII Salón de Fotografía incluye marcadas diferencias técnicas y conceptuales”, aseveró Rene Silveira, fotógrafo santiaguero presidente del jurado, “pero su importancia radica en que se puedan tomar a muchas de las obras presentadas como acertados ejemplos del arte fotográfico que se hace en Holguín.”

Yoxi Velásquez se adjudicó por segunda vez consecutiva el primer premio del VIII Salón de Fotografía con carácter provincial, inaugurado este sábado en la sala Electa Arenal del Centro Provincial de Arte de la ciudad de Holguín.

Maikel Domínguez y Ernesto Blanco Sanciprián completaron la nómina del jurado con el segundo y tercer premios, respectivamente, con “El hombre que intenta hacer uso de sus necesidades primarias” y la obra sin título de Blanco Sanciprián.

Yoxi Velásquez, con “La muñequita de mami” y “En Dos Rios”, arraiga su obra fotográfica artística de forma convincente. Recurre a la riqueza conceptual desde un lenguaje contemporáneo sustentado en un acertado desdoblamiento técnico fotográfico.

La artista, graduada de la Escuela Profesional de Artes Plásticas “El Alba”, marca la diferencia en el salón. Sus imágenes seducen bidireccionalmente, primero logran empatía estética desplegada en el atinado uso de la escala de grises que resulta hermoso e interesante para quien busca la belleza en la fotografía y, segundo, por el manejo de recursos polisemánticos que despiertan interpretaciones múltiples en el observador. Lo simple y lo complejo, creativamente, concomitan sin afectación y aprehenden magistralmente al público menos exigente y al más avezado.

Maikel y Ernesto, por su parte, sostienen sus imágenes con fusiones técnicas. Trasladan recursos expresivos de la pintura a la fotografía y graban con luces escenas ancladas en enunciados socio-conceptuales estéticos. Este interactúa desde el tema; aquel, más complejo, añade metatextos ontológicos a una sutil práctica visual fotográfica en óptica y planos.

El jurado resolvió también adjudicar Menciones a los fotógrafos Amauris Betancourt por el conjunto de las obras presentadas, a Alexander Sánchez por su obra “Niña sin muñeca” y a Carlos Ferrá con “Performance”.

El VIII Salón de Fotografía exhibió 32 obras pertenecientes a 16 fotógrafos donde, a pesar de la poca participación, hubo diversidad temática y técnica desde las prácticas más tradicionales a las más actuales.

La muestra competitiva incorporó también a creadores en representación de los municipios de Gibara y de Banes, acción en la que se debe reflexionar para hacer del Salón un evento provincial sólido.

Un elemento que llama la atención de esta edición es la presencia mayoritaria de fotógrafos en el jurado, exigencia pocas veces logradas en la historia de los salones, pero que confiere crédito y solidez al evento.

El Salón de Fotografía se acerca a su década de vida y ha de pensarse en nuevos enfoques. Podría quizás pensarse en un salón con carácter temático y otro de forma libre o en lograr la concurrencia de varias exposiciones fotográficas. Se podría acariciar la idea de internacionalizar el evento si se tiene en cuenta la cantidad de fotógrafos que exponen en Holguín en los diferentes eventos culturales de la provincia.

El Salón implica conferencias y conversatorios pero poca asistencia de público. El debate de la promoción debe repasarse y lograrse mayor organicidad logística y organizativa.

La cita fotográfica regresa el próximo año y ha de trabajarse fuerte para hacer del Salón Provincial de Fotografía el evento creativo de su tipo anhelado en muchas otras provincias de la Isla.

lunes, 11 de mayo de 2009

Cuba en la lente de Bernd Harnisch

Por Amauris Betancourt.

El retrato contribuyó sobremanera a popularizar la fotografía nacida en la Europa de la Ilustración y la Revolución Industrial. Las primeras composiciones no fueron precisamente retratos, si bien estos, por su alta demanda basada en la novedad de reflejar una imagen real y no recreada desde la pintura, trasladaron este arte a la gran masa.

Retratar es un arte; y los primeros fotógrafos famosos lo cultivaron como tal, pero apuntalados en las composiciones pictóricas para conferirle categorías estéticas atribuidas entonces solo a la pintura. Así el retratista, y el consiguiente género, es lo que más ha abundado en la historia del arte de la lente.

Exponer retratos y revelar novedades es harto difícil, pero no imposible. Bernd Harnish, fotógrafo alemán radicado en Holanda, regresó a Cuba, a las Romerías de Mayo 2009, en Holguín, para mostrar “Gentes y paisajes” en una propuesta fotográfica que trasciende desde la candidez.

Harnisch no complica las cosas con composiciones deliberadas. Se dedica a retratar y obviar el convencionalismo, pero logra recompensa estética: devela con tino psicológico y estético una Cuba desde la óptica del extranjero, no del turista que viene por placer; porque Harnisch no obtura, escribe la historia y cuelga la foto. Busca primero la empatía desde la técnica fotográfica; y mucho antes que todo, lecturas mediante, se acerca al tema.

Retrata personas y paisajes, y complementa sus gráficas con pequeñas historias, interesantes y acertadas, alusivas, sin proponérselo quizás, a la idiosincrasia del cubano. La recompensa viene en primeros planos, cuya creatividad radica en retratar más allá de la imagen física de un rostro.

El autor de “Gentes y paisajes” viaja en bicicleta por toda la isla, desde Guantánamo a La Habana, atento a lo cotidiano que pasa inadvertido para el fotógrafo de la Isla. Así recrea la historia social desde esa imagen de un “Hotel en ruinas”, reminiscencia de una Cuba colonial en arquitectura, capitalista en servicio; o esa “Escalera”, remedo de opulencia y añejo. A la hermosa villa colonial de “Gibara” desde su paisaje social ordinario.

No omite a la música cubana vista en el “Rappero de Holguín”; al deporte en el “Quizás mejor jugador negro de ajedrez de Latinoamérica”, sacado de las calles de Santiago de Cuba, a quien no logra derrotar en partidas.

Incluye a la “Vecina curiosa”, a la “Familia que me acogió donde no había hotel para pernoctar”, a la servicial “Trabajadora de oficina quien le dijo donde arreglar el neumático de su ciclo”, al “Vendedor solícito” y a los “Niños”.

Bernd Harnisch retrata de manera singular. Su muestra hace justicia a Cuba desde su discreta lente.

sábado, 11 de abril de 2009

JotaCruz, premio del I Salón de Fotonaturaleza

Texto y foto: Amauris Betancourt.


Juan Miguel Cruz Gómez, JotaCruz, acaparó el primer y segundo premios del Salón de Fotonaturaleza, Holguín 2009; mientras Raciel Cruz Peña, de la nueva generación de jóvenes fotógrafos, se alzó con el tercer premio concedido en esta primera edición en la ceremonia de apertura celebrada en la sala Electa Arenal del Centro de Arte de esta ciudad.

La serie Vida en el humedal –primer premio-, de JotaCruz, recrea, en excelentes composiciones, desde ingeniosos ángulos y en momentos precisos, diferentes sitios y especies, al área protegida de la Ciénaga de Birama en la provincia de Granma.

Biodiversidad, segundo lauro del creador en la misma edición, aborda, en retratos, aves endémicas de la zona de Cupeycillo localizada en el municipio de Gibara. Aquí el fotógrafo se regodea en la belleza y el carisma de estas aves endémicas que convierten a este sitio en punto de convergencia de científicos, fotógrafos, pintores, naturalistas y aficionados a las aves.


Raciel Cruz Peña obtuvo el tercer premio con Equilibrio, fotografías en 10x14 pulgadas donde apela, más allá del hedonismo natural de nuestra fauna cubana con el uso de buena técnica fotográfica, al mensaje simbiótico de la comunión del ser humano y los animales en el planeta Tierra.

El jurado, presidido por Nils Navarro e integrado además por Amauris González y Juan Pablo Carreras, resolvió conceder además cuatro Menciones en igualdad de condiciones a Carlos Alberto Ferrá por Un día después, y a Luis Catalá Gurri, William Lucas Rodríguez y Alexander Sánchez Rivas por sus obras Nido de Esperanza, El espectador crítico y Primeros pasos, respectivamente.


Nils Navarro, organizador del evento decidió además reconocer el apoyo brindado por los colectivos de Trimagen y Photo Service en la impresión de las fotografías en concurso.


Manifestó también sus deseos de sostener el Salón de Fotonaturaleza con carácter anual como vía para hacer consciencia a la sociedad en la protección del medio ambiente y la flora y fauna cubanas.


La exposición acoge 61 obras fotográficas pertenecientes a 32 fotógrafos entre aficionados, profesionales y estudiantes de artes plásticas.

Las muestra de las imágenes en concurso permanecerán hasta el 10 de mayo y serán luego expuestas en el museo de ciencias naturales de Gibara el 19 de mayo durante el 6to Festival Comunitario “Protegiendo las Aves” que auspicia varias instituciones nacionales e internacionales.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Expo de fotografía “Holguín: 50 años de Revolución”

Por Manuel García Verdecia.

Un gran poeta decía: El ojo que ves no es/ ojo por que tú lo veas; / es ojo porque te ve.Y estos versos me sirven para, extrapolándolos, referirlos al arte del fotógrafo: no lo es porque veamos sus fotos, lo es principal y significativamente porque confirmamos que ve. Ver que es voluntad, sensibilidad, conciencia de una perspectiva y una función. La exposición de fotografías que abrimos a los ojos de todo el que quiera mirar, esta dedicada a ser un homenaje al evento más decisivamente transformador en la historia de nuestro país, el triunfo de la Revolución Verde Olivo. Con ella. El joven fotógrafo Amauris Betancourt escala un peldaño más en su breve pero ya bien encaminada carrera, la cual cuenta con no pocos logros. En lo obra del fotógrafo se observa la mirada inquieta, atenta al suceder que indica el diario tránsito de de la vida, los gestos que revelan al hombre en su actuar sobre la tierra.La muestra exhibe 50 fotos seleccionadas tras un arduo trabajo de decantación, muy complejo si se tiene en cuenta que la labor de un reportero acumula imágenes con un incremento casi exponencial. Esta se acrecienta con los días debido a la afinación de su perspicacia, la familiaridad con el oficio y el arraigo de una necesidad inefable de apresar instantes. Pero, como se trataba de una suerte de panorama que mostrara, más que del arte del fotógrafo, el arte de cultivar un país a lo largo de este medio siglo – lo cual no implica que se haya descontado el factor de calidad al elegir–, pues ha impuesto estrictos lindes el artista. Sin embargo, Amauris sale airoso. Aquí están, de una manera u otra, representadas las distintas contingencias de un colectivo humano que se esfuerza y despliega su potencial en disímiles vericuetos de la existencia: el trabajo, el estudio, el arte, el deporte, la recreación. En fin, la multiplicidad de la vida. Si nos fijamos bien hay tres temas que afloran reiteradamente conformando la espina vertebral de esta muestra. En primer lugar, grupos humanos. Si bien hay unas excelentes fotos dedicadas a personalidades de la cultura – Mario Kindelán, Silvio, Nicolás de la Peña, Estela, Solás, Frank Fernández, no es la individualidad lo que prima, sino el movimiento de colectivos.
Esto es significativo pues constituye un aspecto determinante del proceso que hemos vivido en estos años. Unos hombres unidos a otros, vinculados, actuando en un propósito común. Otro aspecto que se observa es el tesón de la vida. Seres que se esfuerzan, que dan el todo de sí en una tarea. Bien sea la instalación de un trasbordador de níquel o unas líneas de lata tensión o el escenario de un teatro, el estadio de pelota o el aula. Pero siempre hay gente haciendo, asumiendo sus puestos en la lidia con la vida. El tercer tema, no menos interesante, es el de gestos que sintetizan un componente significativo de la existencia. El héroe deportivo a la sombra del otro héroe mayor, con igual actitud meditativa; las manos del reportero que fija los datos que posteriormente conformarán la nueva que recorra el mundo; el director artístico o el técnico de audio que velan con meticulosidad lo que hacen; el barbero que cumple con pulcritud su papel mientras refleja el tiempo transcurrido; la escolar dormida con la bandera vigilante en su mejilla; la ruda mano que sostiene el garabato en el descanso de la faena. Son estos a mi modo de ver, los instantes más altos de la muestra, por la calidez y hondura en reflejar al hombre en su cotidianidad y, a la vez, su grandeza. Amauris define muy certeramente sus asuntos. Trabaja debidamente los encuadres para exponer lo que trata y evitar ambigüedades indebidas. Gusta de los contrastes de las líneas, así como los matices de la luz que revelan la dinámica del objeto fotografiado. En fin, que sabe demostrar la intencionalidad que lo mueve, pues sin esto no hay arte. Felicitemos al artista por esta exposición fotográfica bien balanceada y expresiva en amplio espectro. El arte presentado roza la altura del evento que homenajea. Ya lo dije al principio: “El ojo que ves no es/ ojo por que tú lo veas; / es ojo porque te ve”, nos ve, todo lo ve y lo ve con simpatía, con delicadez, con pálpito de hombre atento.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

El papa Juan Pablo II en Holguín

Por Leandro Estupiñan / leandro@ahora.cu
Fotos: Amauris Betancourt.


En enero de 1998 llegó a Cuba, por primera vez en la historia de la nación, el papa de Roma.

Juan Pablo II había sido invitado a la Isla por el gobierno y, el pontífice, en su afán por llevar el legado de la iglesia a todos los rincones, vino de una vez. Ahora se cumplieron 10 años de la visita y, por todo el país, una exposición de fotografías recuerda el momento.

La muestra pertenece a Arturo Mari, fotógrafo personal del polaco que, antes de asumir su misión en el Vaticano, se llamaba Karol Wojtyla. Durante una semana ha permanecido abierta al público en la catedral San Isidoro.

Mari nació a pocos metros del Vaticano y desde niño estuvo marcado por la cercanía a los cabezas de la iglesia católica. Pero junto a Juan Pablo II se mantuvo buena parte de su vida. Lo acompañaba desde temprano en la mañana hasta horas de la noche.


A Cuba lo siguió durante su estancia en 1998. De aquel momento dejó testimonio en esta serie de 51 fotografías de las cuales, se exhiben 31 en la primera ciudad de Cuba en ostentar una efigie del Sumo Pontífice.

Para su inauguración llegó a la ciudad un representante de la Orden de Malta en Cuba y Luigi Bonazzi, Nuncio Apostólico.La muestra fotográfica rememoró la estancia en Cuba de quien fuera un hombre que practicó el deporte, cultivó el arte y parecía tener, como ningún de sus antecesores al frente de la iglesia, un memorable sentido del humor.

También era un hombre justo y humano, tanto que apenas seis horas antes de morir volvió a encontrarse con su viejo fotógrafo Mari, no para pedirle un retrato, sino para decirle simplemente: “Muchas gracias por todo”.