lunes, 12 de diciembre de 2011
Carlos Acosta, Premio Nacional de Danza Cuba 2011, actúa en Holguín
lunes, 24 de octubre de 2011
Ballet Nacional de Cuba actúa en Holguín
El programa también incluyó “Dionaea”, coreografía de Gustavo Herrera y música del brasileño Heitor Villa-Lobo; “Diálogo a 4”, coreografía de Alicia Alonso y música del cubano Ignacio Cervantes, y “Tiempo de danzón”, coreografía de Eduardo Blanco y música del mexicano Arturo Márquez.
El público llenó el teatro Suñol y salió muy complacido de esta primera función de la compañía de Alicia Alonso, que no se presentaba en la Ciudad Cubana de los Parques desde la década del 80 del pasado siglo, cuando Holguín era una de las subsedes de los Festivales Internacionales de Ballet.
Estas funciones del Ballet Nacional de Cuba están dedicadas al nuevo aniversario de la Casa de Iberoamérica y al IV encuentro de las Brigadas Internacionales de Solidaridad, cuya jornada se inicia hoy en Holguín y finalizará el 28 de Octubre en Bariay, por donde desembarcaran Cristóbal Colón y sus marinos en ese día de 1492.

miércoles, 11 de marzo de 2009
Borrón y vuelta nueva
Fotos: Marisol Ruiz Soto.




Haber desoído a los prejuiciosos y alcanzado reconocimiento en un sector de prevalencia masculina no le bastó para acometer otra "osadía". Con apenas 25 años, Marisol Ruiz Soto logró convertirse en la primera mujer en retratar la Vuelta Ciclística a Cuba.
"La aventura es ciertamente dura y peligrosa, pues viajamos en moto todo el tiempo, a mucha velocidad. Pero si tantos hombres lo hacen, ¿por qué las mujeres no podríamos? Además, el grupo de reporteros fue muy atento conmigo, me acogió sin remilgos y me ayudó mucho.
"Una de las cosas más difíciles de este tipo de coberturas es la separación, estar lejos del hogar, pero cuando existe el propósito de hacer bien lo que nos gusta, una se sobrepone", asegura esta joven pequeña, de brío gigante, que no niega servirse de tres mujeres ejemplares para enfrentar desafíos cotidianos. Dos de ellas son muy especiales para todas las cubanas: Vilma Espín y Celia Sánchez. "Ambas lograron, con dulzura y a la vez mano fuerte, elevar nuestro género al lugar que le corresponde. La tercera es Marta Soto, mi mamá".

Nuestra entrevistada no es delegada al cónclave pero sí miembro de la organización, y en ella reconoce fuerza emancipadora. "La FMC nos hace sentir respaldadas en cualquier rincón del país y nos reta constantemente a desafiar aquellas cosas que no podemos hacer".
En esa lista de "salvedades" al desempeño femenino, en definitivo proceso menguante, Marisol ha logrado implantar un borrón y cuenta nueva.
jueves, 15 de enero de 2009
Las pieles que nos descubren
Por Aracelys Avilés
Casi siempre las cicatrices del cuerpo nos llevan a algún lugar de nuestra propia existencia. Son el conductor de una historia que nos marcó, mucho o poco, pero que permanece para evocar una anécdota o solo un recuerdo. De eso habla “La piel de los hijos de Gea”, de la fuerza del cuerpo humano para expresar una identidad, una manera de ser y sentir.
Gran cantidad de público asistió a la inauguración.
El comisario español Amador Griño es el ideólogo de este proyecto en el que se unifican los discursos de dos coterráneas suyas, Isabel Muñoz, con una serie de fotografías y Maribel Doménech, con una gran pieza escultórica.
“El material me condiciona porque duele”, ha dicho Maribel al describir su faena diaria, en la que teje con cables eléctricos y materiales de este tipo, vestidos que evocan las armaduras medievales. Este que ahora reposa en la primera planta del Centro de arte, pesa unos 250 kilos y al decir de Griño “es un discurso del cuerpo donde lo podemos ver por ausencia”.
Isabel, por el contrario, muestra en sus fotografías de gran tamaño, el cuerpo desnudo, pintado, marcado, según la idiosincrasia de los miembros de dos tribus etíopes, para quienes la piel es un objeto de culto.
La apertura de la exposición en la noche del jueves, en el Centro de Arte de Holguín fue catalogada como un gran acontecimiento de integración cultural. El hecho ha sido posible por el trabajo conjunto de autoridades holguineras, el Consejo Nacional de Artes Plásticas, a
Esta muestra itinerante ha recorrido toda Sudamérica y el Caribe y desembarca en tierra cubana, justo por Holguín, donde permanecerá hasta el 5 de marzo, para luego recorrer la isla y hacer estancia en Santiago de Cuba y la capital.
viernes, 26 de diciembre de 2008
50 instantes de una Cuba revolucionaria
El fotógrafo Amauris Betancourt dejó inaugurada este miércoles en la Galería de la emisora Provincial CMKO, de Holguín, la exposición “50 años de Revolución” como otro de los homenajes al aniversario del acontecimiento histórico.La muestra está compuesta por 50 imágenes de la cotidianidad que, luego de haber sido procesadas por la sensible mirada del artista, cobran un valor artístico.
Según el escritor y vicepresidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) Manuel García Verdecia, presentador, Betancourt es un hombre que gusta de observar, más que mirar el mundo que lo envuelve.
Así, momentos ordinarios cobran la altura de eventos memorables como la interpretación de la sinfonía 1812 por la Orquesta Sinfónica de Holguín, dirigida por la maestra María Elena Mendiola, en la Plaza de la Revolución Mayor General Calixto García Íñiguez a inicios de este año.Deportistas, artistas de fama internacional e imágenes de la vida cotidiana que recuerdan héroes y dirigentes de la Revolución quedaron recogidas en las imágenes de quien se desempeña como fotógrafo de la página web de dicha emisora.
Recientemente, también fue presentado en Holguín el libro De Cuba, Holguín, un texto ilustrado con imágenes de Betancourt y descrito con textos de la narradora Lourdes González.Expo de fotografía “Holguín: 50 años de Revolución”
Un gran poeta decía: El ojo que ves no es/ ojo por que tú lo veas; / es ojo porque te ve.
Y estos versos me sirven para, extrapolándolos, referirlos al arte del fotógrafo: no lo es porque veamos sus fotos, lo es principal y significativamente porque confirmamos que ve. Ver que es voluntad, sensibilidad, conciencia de una perspectiva y una función.
La exposición de fotografías que abrimos a los ojos de todo el que quiera mirar, esta dedicada a ser un homenaje al evento más decisivamente transformador en la historia de nuestro país, el triunfo de la Revolución Verde Olivo. Con ella.
El joven fotógrafo Amauris Betancourt escala un peldaño más en su breve pero ya bien encaminada carrera, la cual cuenta con no pocos logros.
En lo obra del fotógrafo se observa la mirada inquieta, atenta al suceder que indica el diario tránsito de de la vida, los gestos que revelan al hombre en su actuar sobre la tierra.
La muestra exhibe 50 fotos seleccionadas tras un arduo trabajo de decantación, muy complejo si se tiene en cuenta que la labor de un reportero acumula imágenes con un incremento casi exponencial. Esta se acrecienta con los días debido a la afinación de su perspicacia, la familiaridad con el oficio y el arraigo de una necesidad inefable de apresar instantes. Pero, como se trataba de una suerte de panorama que mostrara, más que del arte del fotógrafo, el arte de cultivar un país a lo largo de este medio siglo – lo cual no implica que se haya descontado el factor de calidad al elegir–, pues ha impuesto estrictos lindes el artista.
Sin embargo, Amauris sale airoso. Aquí están, de una manera u otra, representadas las distintas contingencias de un colectivo humano que se esfuerza y despliega su potencial en disímiles vericuetos de la existencia: el trabajo, el estudio, el arte, el deporte, la recreación. En fin, la multiplicidad de la vida.
Si nos fijamos bien hay tres temas que afloran reiteradamente conformando la espina vertebral de esta muestra. En primer lugar, grupos humanos. Si bien hay unas excelentes fotos dedicadas a personalidades de la cultura – Mario Kindelán, Silvio, Nicolás de la Peña, Estela, Solás, Frank Fernández, no es la individualidad lo que prima, sino el movimiento de colectivos. 
Esto es significativo pues constituye un aspecto determinante del proceso que hemos vivido en estos años. Unos hombres unidos a otros, vinculados, actuando en un propósito común. Otro aspecto que se observa es el tesón de la vida. Seres que se esfuerzan, que dan el todo de sí en una tarea. Bien sea la instalación de un trasbordador de níquel o unas líneas de lata tensión o el escenario de un teatro, el estadio de pelota o el aula. Pero siempre hay gente haciendo, asumiendo sus puestos en la lidia con la vida.
El tercer tema, no menos interesante, es el de gestos que sintetizan un componente significativo de la existencia. El héroe deportivo a la sombra del otro héroe mayor, con igual actitud meditativa;
las manos del reportero que fija los datos que posteriormente conformarán la nueva que recorra el mundo;
el director artístico o el técnico de audio que velan con meticulosidad lo que hacen;
el barbero que cumple con pulcritud su papel mientras refleja el tiempo transcurrido; la escolar dormida con la bandera vigilante en su mejilla; la ruda mano que sostiene el garabato en el descanso de la faena.
Son estos a mi modo de ver, los instantes más altos de la muestra, por la calidez y hondura en reflejar al hombre en su cotidianidad y, a la vez, su grandeza.
Amauris define muy certeramente sus asuntos. Trabaja debidamente los encuadres para exponer lo que trata y evitar ambigüedades indebidas. Gusta de los contrastes de las líneas, así como los matices de la luz que revelan la dinámica del objeto fotografiado. En fin, que sabe demostrar la intencionalidad que lo mueve, pues sin esto no hay arte.
Felicitemos al artista por esta exposición fotográfica bien balanceada y expresiva en amplio espectro. El arte presentado roza la altura del evento que homenajea. Ya lo dije al principio: “El ojo que ves no es/ ojo por que tú lo veas; / es ojo porque te ve”, nos ve, todo lo ve y lo ve con simpatía, con delicadez, con pálpito de hombre atento.martes, 25 de noviembre de 2008
Rene Pérez Massola, arte en la lente
Por Amauris Betancourt.
La fotografía de prensa cubana vive tiempos prolíficos, con alto nivel estético. Ocupa los mayores espacios galéricos de la isla, competitivos o no, dedicados a la imagen de la lente. Su nivel estético se proyecta y sobrepasa, en números, las propuestas netamente artísticas. Rene Pérez Massola, fotorreportero del semanario Trabajadores, hace justicia a la aseveración.
Y cuando se dice artística no se excluye el fotoperiodismo; entiéndase esta diferencia solo en intención y función. La centrada en lo puramente estético se hace asistir por códigos y lenguajes que apelan a la sensibilidad intelectual mientras la otra invoca más al desnudo la realidad sin enmascararla. Esta, fruto de preocupaciones humanas más subjetivas; abstraídas para alabar, embellecer o criticar, para expresar el alma; la otra, resultado de la objetividad para dar a conocer y para mostrar con sus herramientas un mensaje comprensible con mayor facilidad.
No obstante a veces la frontera entre uno y otro género fotográfico se diluye. Sucede con este joven fotógrafo cubano quien, página personal por medio (o blog por medio, mejor dicho, según el correspondiente término en inglés), logra exponer sus mejores imágenes, para fortuna y disfrute de los amantes de la fotografía, las cuales irónicamente, por una u otra razón, no llegan a las páginas de los semanarios y periódicos cubanos.
Al visitar su página personal recientemente, parte de mis hábitos usuales, encontré una bien hilvanada historia con altas luces artísticas – por usar solo una materia prima de la imagen, la luz - motivo por el cual me animé a compartirlo con los usuarios de la red.
El primer mérito reside en la solidez del reportaje gráfico y el tema, común si no fuera por su importancia tras los furiosos embates de los huracanes, centrado en un hecho cotidiano de la isla en estos momentos: la recuperación agrícola, la cosecha de la papa en específico, en honor esta vez al 49 aniversario del
primer trabajo voluntario convocado por el Che. Dicho de paso, si de imágenes de huracanes se trata, echarle un vistazo por favor a Paloma en Camagüey, de la misma autoría.
Sobresalen las composiciones convincentes, el atinado uso de los planos y el cambio de los ángulos de toma, la inclusión del simbolismo para contextualizar las imágenes sin caer en lo trillado. Aportan también el magistral uso de la luz, los contrastes, los tonos y matices.
A todo ello se suma la labor de editor, en este caso auto-editor, para seleccionar las imágenes con mejores posibilidades de transmitir el tema fotoperiodistico.
Rene Massola gana continuamente adeptos a su arte fotográfico, las visitas a su página y los cometarios a sus trabajos lo demuestran, sostenido por la acertada utilización de las nuevas tecnologías y las potencialidades asociadas. Arte y profesión conviven armoniosamente en la lente de Massola.


















